jueves, 3 de noviembre de 2011
El dolor es una losa que nos va devilitando.
No sé que me pasa, igual es que se me ha metido un poco de tristeza en el corazón y no soy capaz de sacarla. Puede que el cielo gris se meta en mi pecho y no haya manera de coger el paraguas. Y llueve demasiado. Tengo ganas de quemar todo lo que encuentro a mi paso, tengo ganas de que en este mundo sólo quede lo verdadero, ganas de que todo esto vuelva a ser como antes y aparezcas en mi cumpleaños con una tarta enorme llena de velitas. No puede ser, y me rompo y caigo al suelo y me parto en mil pedazos. Logro inundar la habitación de sentimientos. Nunca supe como construír un barco, el más bonito que conozco se llama "abrazo". Supongo que dentro de unas horas estaré sonriendo, cumpliendo con las normas y todo ese rollo que ya no me sirve de nada. Me olvidaré de las veces que te echo de menos. Sonreiré para las fotos y me pondré alguna falda que odie para no desentonar con el resto. Si fuera de esas que se pintan los labios de color rojo putón este sábado bailaría con otro como la que más y no dudes que bailaré toda la noche, pero sola. Estaré deseando estar en otro mundo, en mi casa, cerca del mar, con unos vaqueros rotos, un abrigo cualquiera que quite el frío y contigo, quiero estar contigo. Me ciegan las luces de la discoteca, esa música me atrona los oídos, el alcohol me hace olvidar y sonreir como una estúpida. Yo siempre preferí un lugar bonito para desahogarme, para olvidare de toda la mierda que tengo encima, por eso siempre me escapo al mar cada vez que tengo que contar. Creo que no encajo en este mundo. Ya no
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